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Historias – Hijo de Estrella Blanca – Columna de opinión

Historias

Hijo de Estrella Blanca

Historias Segunda parte

 

Mi padre entrenó lucha olímpica durante un año, en el proceso, conoce a un grupo de luchadores de la periferia que entrenaban por las noches en los ya mencionados gimnasios Escobedo. En ocasiones también, entrenaban  en Naucalpan estado de México por el barrio del Molinito, y decide entonces integrarse al grupo para iniciar un nuevo proceso de aprendizaje. Cabe señalar, que este grupo de luchadores  no tenían a alguien que tomara el papel de instructor, solamente eran un grupo de amigos que compartían el sueño de llegar al profesionalismo como muchos luchadores de arena chica de la época.

En una de tantas ocasiones que acompañaba a unos de los integrantes de su grupo a una función luchística, faltó en  el cartel un luchador de las preliminares, fue entonces que le dieron a mi padre la oportunidad de un debut inesperado. En ese momento le consiguieron apresuradamente un calzón, un par de botas, y se presenta desenmascarado con el nombre de Joe Chamaco. Se enfrenta así a los rivales más difíciles que puede tener un luchador novato: el miedo y la falta de preparación. En ese momento recordó las palabras de su primer sinodal Tarzán López:

“No tienes lo necesario para llegar a ser luchador profesional”.

Su debut finalizó de forma desafortunada ya que fue derrotado, realizaría tres presentaciones más con el nombre de Joe Chamaco y acabarían de la misma manera. Las funciones pasaron totalmente desapercibidas y la tercera fue tan desastrosa, que el promotor optó por ordenar a los luchadores de la siguiente contienda, subir y bajar a golpes y a patadas al inexperto y joven Joe y a su rival en turno. Esta vivencia lo marcaría durante toda su trayectoria. Pero mi padre, a pesar de todo jamás se rindió.

–Me bajaron del ring por “maleta”—solía decirme todavía un poco entristecido al recordar la experiencia. Así, la primera vez que tuve la oportunidad de escuchar esta historia le pregunté:

–¿Por qué no intentaste buscar otra opción para salir adelante?–Su respuesta fue contundente:

–Porque yo quería ser luchador profesional…y rendirme no era una opción.

Todo esto me hizo comprender la fuerza de voluntad y las ganas que tiene que tener una persona para luchar por sus sueños sin rendirse jamás.

Es importante ahora  hacer un paréntesis para mencionar que mi papá me inculcó casi de manera religiosa la admiración por Santo El Enmascarado de Plata. Durante mi niñez, cada fin de semana se transmitía el famoso cine de luchadores por televisión abierta y por supuesto, nosotros encendíamos el televisor para disfrutar de estas maravillosas aventuras que se transmitían los fines de semana en matiné. Durante mi infancia mi admiración por el Santo y Blue Demon era absoluta y sin embargo, no me daba cuenta de que tenía a un verdadero héroe viviendo a mi lado.

Llegar a construir un futuro arriba del ring era y es algo sumamente difícil y muchas veces subjetivo. En una ocasión un amigo cercano a la familia le preguntó: ¿Cómo te va con la lucha libre? Al contarle sus desagradables experiencias este señor le sugirió dos opciones, una era incursionar en el boxeo, ya que su perfil y físico cumplía con el estereotipo para este deporte, y la segunda fue que se convirtiera en un luchador enmascarado. Eso sí, no  sin antes tomarse el tiempo necesario para prepararse a conciencia, y así la transición de personaje mejorara el rumbo de su carrera luchística.

Continuará…

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